Siete
son los días de la semana, siete las notas musicales, siete los mares y siete
los pecados capitales. Son siete las Maravillas del Mundo y los enanos de
Blancanieves. También siete, los samuráis, las vidas del gato, los colores del
arco iris y los reinos de Poniente. Y siete los que este año acudimos a la
campaña de Bejes. Por el FLASH contábamos con Jose (Hevia), Juan (Juanillo),
Jorge (Gorje) , Miguel (Burris) y Juan (Cuadro) y por el Tracalet, Anna y Paco.
También contamos con el apoyo logístico de Vicent que pese a estar
convaleciente de una operación ocular nos brindó su inestimable
ayuda.
Tras esta estúpida forma de enumerar los asistentes a la campaña hay que decir que en el G.E.FLASH nos gusta llevar las actividades espeleológicas lo más planificadas posible. Sobre todo cuando se trata de una campaña de exploración como la de Bejes. Sin embargo hay que reconocer que a veces, cuanto menos preparas algo, más éxito tienes.
Tras esta estúpida forma de enumerar los asistentes a la campaña hay que decir que en el G.E.FLASH nos gusta llevar las actividades espeleológicas lo más planificadas posible. Sobre todo cuando se trata de una campaña de exploración como la de Bejes. Sin embargo hay que reconocer que a veces, cuanto menos preparas algo, más éxito tienes.
Por
circunstancias personales y sin ánimo de que se convierta en la norma, este año
hemos acudido a nuestra cita anual tanto con nuestros compañeros del Tracalet
como con las simas de Picos de Europa, sin reunión previa con ellos ni una idea
muy clara de lo que íbamos a hacer en el macizo. Incluso el permiso para
explorar nos llegó a última hora y solo gracias a la insistencia de Juanillo. Sin
embargo teníamos en mente algunas incógnitas que se nos antojaban como impepinables
y que veníamos comentando desde la campaña del año pasado, en las zonas del
Samelar, Panizales y el Vao de los Lobos.
Habría que mencionar que durante la semana y a efectos de la exploración, nuestras fuerzas han quedado mermadas. De los siete, dos hemos padecido una gastroenteritis que nos ha dejado fuera de combate durante al menos tres días (he aquí la importancia de potabilizar el agua que tomamos de ciertos sitios), otro acabó en el hospital debido a una piedra que le impactó, afortunadamente, en el brazo (he aquí la importancia de tener mucho cuidado con las piedras y limpiar bien al explorar) y otros dos no estaban, todavía capacitados para algunas verticales debido a su inexperiencia, que no a su ímpetu ni ganas. Aún así el balance general ha sido más que positivo.
Habría que mencionar que durante la semana y a efectos de la exploración, nuestras fuerzas han quedado mermadas. De los siete, dos hemos padecido una gastroenteritis que nos ha dejado fuera de combate durante al menos tres días (he aquí la importancia de potabilizar el agua que tomamos de ciertos sitios), otro acabó en el hospital debido a una piedra que le impactó, afortunadamente, en el brazo (he aquí la importancia de tener mucho cuidado con las piedras y limpiar bien al explorar) y otros dos no estaban, todavía capacitados para algunas verticales debido a su inexperiencia, que no a su ímpetu ni ganas. Aún así el balance general ha sido más que positivo.
En
las simas de la cara norte del Samelar, además de revisar varias incógnitas,
algunos de estos objetivos implicaban intentar progresar por zonas inundadas
que se habían abandonado bastantes años atrás por motivo del agua. Así como
prospectar la zona exterior que sabíamos que no estaba bien mirada. Aprovechándonos
de la experiencia de Jose como espeleobuceador, la idea era usar el neopreno
para ver el estado de esos pasos inundados después de bastantes años sin entrar
y en los que hay menos precipitaciones. Así como comprobar si sería factible bucearlos.
Este era el caso de las Torcas de la Topinoria (SN2) y de Brañarredonda (SN3). Respecto
a ésta última, la SN3 de -456 m y 2135 m de desarrollo se trataba de nuestro principal
objetivo. Sin embargo, tras uno de nuestros “cónclaves” decidimos centrarnos en
objetivos más modestos y dejar la idea para el año que viene. Explorar una
cueva de esta envergadura nos llevaría, seguramente la mayor parte del tiempo y
material, teniendo que renunciar a las otras simas. Aún así, Juanillo envió sus
gafas de sol al fondo de la torca a modo de drone explorador. A ver qué nos
cuentan el año que viene…
De
este modo, nos decantamos por la Torca de la Topinoria. Bonita, vertical y
fresca cavidad de -180 metros que nos costó bastante encontrar entre la niebla.
Sin embargo, como no hay mal que por bien no venga, el pateo sistemático con
GPS para buscarla nos brindó varias sorpresas desconocidas que a partir de
ahora se llamarán SN 6, 7, 8 y 9 y de las que más adelante hablaremos.
Así
pues, en un par de entradas, se reinstaló parte de la sima (aunque sorprendentemente
los anclajes que se pusieron en 1994 parecían estar en condiciones aceptables)
y exploró por cuatro flasheros de pro: Jose, Gorje, Juanillo y el que subscribe.
La punta de exploración alcanzada por los dos primeros (los dos únicos sanos por
entonces) nos dejó buen sabor. Jose aprovechó el spa y dándose un buen baño de barro,
descubrió que tras una zona embalsada con más lodo que agua y que ya sabemos cómo
superar, la cavidad continúa por un nuevo pozo. Aunque la falta de efectivos y
de tiempo nos hace dejar la incógnita para otro año.
Sin
movernos mucho de la zona también se exploran las nuevas cavidades encontradas,
con diversos resultados. Algunas, muy prometedoras en principio, se quedan en
unas decenas de metros. Incluso la SN9 por la que se oían caer las piedras
bastantes metros y que tras una mañana empleada en desobstruir una boca llena
de bloques, no quiso colaborar, cerrándole el paso a Juanillo a unos treinta y
tantos metros. Sin embargo, otras sí nos dieron juego y algún que otro susto.
Aquí hay que mencionar que Miguel, nuestra nueva y entusiasta incorporación a
la campaña y al grupo, demostró ser un magnífico olfateador de simas
encontrando varias nuevas y sobre todo una en particular: La SN6. Después de la
exploración realizada por Gorje y Paco, en un par de días de duro trabajo, la
cavidad quedaría instalada hasta unos -225 m (a falta de topografía oficial y
medido a través de altímetro). Se trata de una sima con una aproximación de
sólo cinco minutos desde el coche, grandes pozos, un paso estrecho y con
peligro de caída de piedras. Pero en general, bastante cómoda. La cavidad
continúa bajando con la misma tónica de pozos además de presentar varias
incógnitas que habrá que revisar más adelante. Pero algo malo nos olemos cuando
nos acercamos a la sima al advertir que nuestros compañeros tardan demasiado.
Desde la boca oímos las quejas de Paco. Nos percatamos de que no usa el brazo
derecho que lleva quieto, colgando. Por fin sale y nos relata
el accidente. No sin antes, con una sonrisa, informarnos de los metros a los
que han bajado y de que la cosa continúa. Cosas de bombero, supongo. Una roca
ha caído desde unos cuarenta metros y le ha golpeado por encima del codo. El
impacto le ha producido una buena hemorragia que han conseguido detener con una
venda que llevaba él mismo en su botiquín. Aparte de tener cuidado con las
piedras, aprendamos algo más de esto y llevemos siempre un botiquín. Le
ayudamos a quitarse el equipo y Juanillo y Anna se van con él al hospital.
Consecuencia del golpe: Fuerte contusión en el brazo con herida profunda (3
puntos de sutura) y rotura de fibras. Aunque podría haber sido peor.
Antes
de este desgraciado suceso y de la gastroenteritis que ya se empezaba a manifestar,
a Paco, Jose y a mí, nos había dado tiempo para revisar otro de nuestros objetivos,
una preciosa, lejana y fría cavidad, la VL52, en el Vao de los lobos. Tras años
de arduo trabajo desobstruyendo el caos de bloques en el que se encuentra la punta
de exploración, este año se consigue forzar un paso para llegar, unos metros
más adelante a otro paso bloqueado. Aunque en principio parece más fácil de
desobstruir, se decide dejar que todo se asiente mejor e intentarlo otro año.
Pero
la cosa no queda ahí. Después de años oyendo a los lugareños hablar de la cueva
de los quesos que hay en la pared que mira a Tresviso cerca del Salto de la
cabra, nos decidimos a buscarla. En un primer intento y desafiando los 800
metros de caída que separan la pista del fondo del desfiladero, no logramos
encontrarla. Sin embargo, y siguiendo con la tónica de la campaña, encontramos
otra cueva que queda pendiente de exploración. Unos días después, en un segundo
intento y con la ayuda de un paisano que nos señala desde lejos el acceso, Jose
y yo damos con ella. “Buenos quesos dicen que hace esa cueva”, nos comenta. Nos
quedamos maravillados de cómo podrían llegar ahí los queseros caminando por
semejante lugar. Por una empinada ladera, entre la alta y húmeda hierba, se
adivina una senda que bordea el vacío. Nosotros incluso aprovechamos para atar
una cuerda a unos anclajes que se instalaron en su momento con la idea de
llevar turistas, lo que parece que no fructificó. ¡Y por ahí iban los paisanos con
los quesos! Impresionante. Se trata de una bella e interesante cavidad, así
como atípica en la zona. Con un desarrollo eminentemente horizontal, está
plagada de formaciones, especialmente grandes racimos de excéntricas que nada
tienen que envidiar a las de otras cavidades conocidas por este tipo de
concreciones. Jose desciende el pocillo final del que nos habían hablado y que
no continúa. En las salas anteriores, alguna de ellas de considerable tamaño,
aún se conserva algún utensilio quesero y las baldas donde el queso picón
adquiere el Penicillium que le da su sabor y aspecto característicos.
Y
poco más, amigas y amigos. Este año, debido a la proximidad de la zona a
explorar y la mejora de la pista, nuestro campamento base ha sido la casa de
Bejes desde donde nos desplazábamos a las cuevas. Aunque en vista de los
resultados de esta campaña hemos encontrado una zona idónea para montar un
campamento a unos minutos de varias de las cavidades. Y como otros años, ha
habido niebla, sol, pateos con vistas al mar de nubes y al de verdad, alguna
que otra pulga, queso Picón, orujo de Liébana, pozos, chascarrillos, paseos
nocturnos a la bolera, baño en el río, excursión a Sotres para visitar a La
Gallega con el tradicional remolque de la furgoneta de Gorje con el 4x4 de
Juanillo, fabes, cabrito y charla espeleológica por parte de la susodicha
Gallega, cena final de campaña en la Hermida (con la visita del Txutxo y Agu),
muuuchas risas, trabajo en equipo e ilusión por las expectativas para el año
que viene. Así que ya saben jóvenes y no tan jóvenes, si quieren ser los
primeros en ver y pisar un lugar jamás antes visto ni pisado por ningún humano
en este abarrotado planeta no lo duden, Bejes es el lugar.
Fotografías: Juan Bueno "Juanillo" y Jorge Mateos









































