miércoles, 30 de agosto de 2017

Campaña de exploración Bejes 2017


Siete son los días de la semana, siete las notas musicales, siete los mares y siete los pecados capitales. Son siete las Maravillas del Mundo y los enanos de Blancanieves. También siete, los samuráis, las vidas del gato, los colores del arco iris y los reinos de Poniente. Y siete los que este año acudimos a la campaña de Bejes. Por el FLASH contábamos con Jose (Hevia), Juan (Juanillo), Jorge (Gorje) , Miguel (Burris) y Juan (Cuadro) y por el Tracalet, Anna y Paco. También contamos con el apoyo logístico de Vicent que pese a estar convaleciente de una operación ocular nos brindó su inestimable
ayuda.

Tras esta estúpida forma de enumerar los asistentes a la campaña hay que decir que en el G.E.FLASH nos gusta llevar las actividades espeleológicas lo más planificadas posible. Sobre todo cuando se trata de una campaña de exploración como la de Bejes. Sin embargo hay que reconocer que a veces, cuanto menos preparas algo, más éxito tienes.



Por circunstancias personales y sin ánimo de que se convierta en la norma, este año hemos acudido a nuestra cita anual tanto con nuestros compañeros del Tracalet como con las simas de Picos de Europa, sin reunión previa con ellos ni una idea muy clara de lo que íbamos a hacer en el macizo. Incluso el permiso para explorar nos llegó a última hora y solo gracias a la insistencia de Juanillo. Sin embargo teníamos en mente algunas incógnitas que se nos antojaban como impepinables y que veníamos comentando desde la campaña del año pasado, en las zonas del Samelar, Panizales y el Vao de los Lobos.

Habría que mencionar que durante la semana y a efectos de la exploración, nuestras fuerzas han quedado mermadas. De los siete, dos hemos padecido una gastroenteritis que nos ha dejado fuera de combate durante al menos tres días (he aquí la importancia de potabilizar el agua que tomamos de ciertos sitios), otro acabó en el hospital debido a una piedra que le impactó, afortunadamente, en el brazo (he aquí la importancia de tener mucho cuidado con las piedras y limpiar bien al explorar) y otros dos no estaban, todavía capacitados para algunas verticales debido a su inexperiencia, que no a su ímpetu ni ganas. Aún así el balance general ha sido más que positivo.

En las simas de la cara norte del Samelar, además de revisar varias incógnitas, algunos de estos objetivos implicaban intentar progresar por zonas inundadas que se habían abandonado bastantes años atrás por motivo del agua. Así como prospectar la zona exterior que sabíamos que no estaba bien mirada. Aprovechándonos de la experiencia de Jose como espeleobuceador, la idea era usar el neopreno para ver el estado de esos pasos inundados después de bastantes años sin entrar y en los que hay menos precipitaciones. Así como comprobar si sería factible bucearlos. Este era el caso de las Torcas de la Topinoria (SN2) y de Brañarredonda (SN3). Respecto a ésta última, la SN3 de -456 m y 2135 m de desarrollo se trataba de nuestro principal objetivo. Sin embargo, tras uno de nuestros “cónclaves” decidimos centrarnos en objetivos más modestos y dejar la idea para el año que viene. Explorar una cueva de esta envergadura nos llevaría, seguramente la mayor parte del tiempo y material, teniendo que renunciar a las otras simas. Aún así, Juanillo envió sus gafas de sol al fondo de la torca a modo de drone explorador. A ver qué nos cuentan el año que viene…




De este modo, nos decantamos por la Torca de la Topinoria. Bonita, vertical y fresca cavidad de -180 metros que nos costó bastante encontrar entre la niebla. Sin embargo, como no hay mal que por bien no venga, el pateo sistemático con GPS para buscarla nos brindó varias sorpresas desconocidas que a partir de ahora se llamarán SN 6, 7, 8 y 9 y de las que más adelante hablaremos.

Así pues, en un par de entradas, se reinstaló parte de la sima (aunque sorprendentemente los anclajes que se pusieron en 1994 parecían estar en condiciones aceptables) y exploró por cuatro flasheros de pro: Jose, Gorje, Juanillo y el que subscribe. La punta de exploración alcanzada por los dos primeros (los dos únicos sanos por entonces) nos dejó buen sabor. Jose aprovechó el spa y dándose un buen baño de barro, descubrió que tras una zona embalsada con más lodo que agua y que ya sabemos cómo superar, la cavidad continúa por un nuevo pozo. Aunque la falta de efectivos y de tiempo nos hace dejar la incógnita para otro año.




Sin movernos mucho de la zona también se exploran las nuevas cavidades encontradas, con diversos resultados. Algunas, muy prometedoras en principio, se quedan en unas decenas de metros. Incluso la SN9 por la que se oían caer las piedras bastantes metros y que tras una mañana empleada en desobstruir una boca llena de bloques, no quiso colaborar, cerrándole el paso a Juanillo a unos treinta y tantos metros. Sin embargo, otras sí nos dieron juego y algún que otro susto. Aquí hay que mencionar que Miguel, nuestra nueva y entusiasta incorporación a la campaña y al grupo, demostró ser un magnífico olfateador de simas encontrando varias nuevas y sobre todo una en particular: La SN6. Después de la exploración realizada por Gorje y Paco, en un par de días de duro trabajo, la cavidad quedaría instalada hasta unos -225 m (a falta de topografía oficial y medido a través de altímetro). Se trata de una sima con una aproximación de sólo cinco minutos desde el coche, grandes pozos, un paso estrecho y con peligro de caída de piedras. Pero en general, bastante cómoda. La cavidad continúa bajando con la misma tónica de pozos además de presentar varias incógnitas que habrá que revisar más adelante. Pero algo malo nos olemos cuando nos acercamos a la sima al advertir que nuestros compañeros tardan demasiado. Desde la boca oímos las quejas de Paco. Nos percatamos de que no usa el brazo derecho que lleva quieto, colgando. Por fin sale y nos relata el accidente. No sin antes, con una sonrisa, informarnos de los metros a los que han bajado y de que la cosa continúa. Cosas de bombero, supongo. Una roca ha caído desde unos cuarenta metros y le ha golpeado por encima del codo. El impacto le ha producido una buena hemorragia que han conseguido detener con una venda que llevaba él mismo en su botiquín. Aparte de tener cuidado con las piedras, aprendamos algo más de esto y llevemos siempre un botiquín. Le ayudamos a quitarse el equipo y Juanillo y Anna se van con él al hospital. Consecuencia del golpe: Fuerte contusión en el brazo con herida profunda (3 puntos de sutura) y rotura de fibras. Aunque podría haber sido peor.






Antes de este desgraciado suceso y de la gastroenteritis que ya se empezaba a manifestar, a Paco, Jose y a mí, nos había dado tiempo para revisar otro de nuestros objetivos, una preciosa, lejana y fría cavidad, la VL52, en el Vao de los lobos. Tras años de arduo trabajo desobstruyendo el caos de bloques en el que se encuentra la punta de exploración, este año se consigue forzar un paso para llegar, unos metros más adelante a otro paso bloqueado. Aunque en principio parece más fácil de desobstruir, se decide dejar que todo se asiente mejor e intentarlo otro año.




Pero la cosa no queda ahí. Después de años oyendo a los lugareños hablar de la cueva de los quesos que hay en la pared que mira a Tresviso cerca del Salto de la cabra, nos decidimos a buscarla. En un primer intento y desafiando los 800 metros de caída que separan la pista del fondo del desfiladero, no logramos encontrarla. Sin embargo, y siguiendo con la tónica de la campaña, encontramos otra cueva que queda pendiente de exploración. Unos días después, en un segundo intento y con la ayuda de un paisano que nos señala desde lejos el acceso, Jose y yo damos con ella. “Buenos quesos dicen que hace esa cueva”, nos comenta. Nos quedamos maravillados de cómo podrían llegar ahí los queseros caminando por semejante lugar. Por una empinada ladera, entre la alta y húmeda hierba, se adivina una senda que bordea el vacío. Nosotros incluso aprovechamos para atar una cuerda a unos anclajes que se instalaron en su momento con la idea de llevar turistas, lo que parece que no fructificó. ¡Y por ahí iban los paisanos con los quesos! Impresionante. Se trata de una bella e interesante cavidad, así como atípica en la zona. Con un desarrollo eminentemente horizontal, está plagada de formaciones, especialmente grandes racimos de excéntricas que nada tienen que envidiar a las de otras cavidades conocidas por este tipo de concreciones. Jose desciende el pocillo final del que nos habían hablado y que no continúa. En las salas anteriores, alguna de ellas de considerable tamaño, aún se conserva algún utensilio quesero y las baldas donde el queso picón adquiere el Penicillium que le da su sabor y aspecto característicos.




Y poco más, amigas y amigos. Este año, debido a la proximidad de la zona a explorar y la mejora de la pista, nuestro campamento base ha sido la casa de Bejes desde donde nos desplazábamos a las cuevas. Aunque en vista de los resultados de esta campaña hemos encontrado una zona idónea para montar un campamento a unos minutos de varias de las cavidades. Y como otros años, ha habido niebla, sol, pateos con vistas al mar de nubes y al de verdad, alguna que otra pulga, queso Picón, orujo de Liébana, pozos, chascarrillos, paseos nocturnos a la bolera, baño en el río, excursión a Sotres para visitar a La Gallega con el tradicional remolque de la furgoneta de Gorje con el 4x4 de Juanillo, fabes, cabrito y charla espeleológica por parte de la susodicha Gallega, cena final de campaña en la Hermida (con la visita del Txutxo y Agu), muuuchas risas, trabajo en equipo e ilusión por las expectativas para el año que viene. Así que ya saben jóvenes y no tan jóvenes, si quieren ser los primeros en ver y pisar un lugar jamás antes visto ni pisado por ningún humano en este abarrotado planeta no lo duden, Bejes es el lugar.

Texto: Juan Martín "Cuadro"
Fotografías: Juan Bueno "Juanillo" y Jorge Mateos

1 comentario:

Senén Feito dijo...

Ole por todos vostros, gran crónica Cuadro!!!! Muchísismas gracias. Un abrazo enorme