viernes, 17 de marzo de 2017

Primera experiencia en cuevas

Desde pequeños nos dicen nuestros padres: “No te asomes a las bocas de las cuevas que es peligroso y te puedes caer” e incluso, cuando te cautiva una cueva y te asomas cerquita de la entrada, impone y tu propio instinto hace que rápidamente uno eche un pie para atrás. Sin embargo, este fin de semana la cosa cambió. Con un buen arnés y todo el material de seguridad necesario, eché las piernas hacia adelante y de espaldas y cuerda en mano, poco a poco, me fui introduciendo en mi primera sima vertical… me introduje por primera vez en el mundo de la espeleología.

Practicando el primer día en paredes en Patones.

Sábado 11 de marzo, día soleado y en pleno Cañón del Río Lobos, con los nervios a flor de piel, nos acercamos prontito en la mañana a las simas MA-11 y Candelones. Ya habíamos estado practicando el fin de semana anterior en las paredes de Patones de Abajo, para familiarizarnos con los diferentes instrumentos de ascenso y descenso (cuyos nombres el primer día de clase nos sonaban a “ruso”, como diría Quequet) pero sobretodo, habíamos experimentado la sensación de estar colgando con todo tu peso sobre una cuerda, la línea de vida. A unos se les dio mejor que se nos había dado a otros… y no por los profes precisamente, porque todos nos enseñaron muy bien y tuvieron mucha paciencia con nosotros. Sin embargo, poco a poco, cada uno habíamos ido practicando subir y bajar verticales, y no sólo eso, sino además otras complicaciones como pasar péndulos, “rozacuerdas”, nudos y pasamanos, por lo que ya le habíamos cogido más o menos el tranquillo a esto e incluso, hasta el gustillo. Pero ahora, llegaba la hora de la verdad, nos teníamos que encuevar.

Quequet y Gorje, “el cordi”, enseñándonos el primer día todo el equipo.

Como era lógico, nos dividimos los compis de iniciación para poder ir más seguros y a gusto en las cuevas. La primera mitad iría a la sima del Carlista y la otra mitad de nosotros íbamos a bajar a Candelones. Como a veces nos contaron que sucede, coincidimos con otro grupo espeleológico que también tenía permiso, y finalmente, fueron ellos los que bajaron mientras que nosotros nos decidimos por la MA-11. ¡Y buena decisión! Una cueva muy chula que está formada por dos pozos, el primero de 20 metros pero que es ciego y en el metro 14 tiene una galería de acceso al segundo, de unos 15 metros que ya sí finaliza en una galería horizontal con varias cámaras muy interesantes. Llegamos a la entrada de la sima ya con todo el equipo preparado y con previa revisión de nuestros maestros Cali, Alberto y Carmelo, que se portaron de diez de principio a fin, ya sea fuera o dentro de la cueva. Como una servidora comentaba, otros habían sido más ágiles en las paredes así que yo fui la primera en bajar después de Alberto que iba montando cuerda. Como nos habían comentado en varias ocasiones, éste es en realidad el momento más peligroso de la espeleo y donde más accidentes se producen, pues la gente es cuando más confiada está y menos precauciones toma. Por lo que, lo primero de todo, antes de acercarme más, fue coger mis cabos de anclaje y asegurarme al pasamanos.

La boca de la sima MA- 11.

Poco a poco, me acerco al primer fraccionamiento y voy repasando en mi cabeza uno a uno los puntos que tengo que hacer para poder empezar a descender: “Recuerda, Elena, siempre al menos dos puntos de seguridad… primero me tengo que anclar con el cabo corto al mosquetón, monto el descendedor, gaza de seguridad, monto el pato…”. Cali observa pendiente mientras me pide que le vaya recordando los pasos para asegurarse que voy haciendo todo bien. Y ya está, Alberto me espera abajo y en principio ya podría desanclarme y comenzar a bajar. La primera fase, en mi breve experiencia, tengo comprobada que es la peor pero a la vez la más gratificante. Aún te encuentras oxidado desde la última vez, y la parte de dejarte caer al vacío cuando aún no notas tensión en la cuerda es una sensación extraña como comentamos María y yo el primer día que lo probamos. Pero como había ganas de conocer la cueva por dentro y sabía que luego me iba a encantar, poco a poco, me voy dejando caer y cuando mi cuerpo cambia de ángulo a la vertical, por fin, noto la tensión en la cuerda, como aún tengo la gaza de seguridad (que no garza), coloco mejor mi postura hasta que me encuentro más cómoda y poco a poco comienzo a rapelar… y la sensación es maravillosa. Pensaba que estaría más pendiente de los aparatos, pero al haber hecho ya pruebas el finde anterior y haberles cogido confianza, me llaman más la atención esos colores verdes de las paredes de la sima, el ir notando como se va cubriendo todo de oscuridad, percibir un microclima distinto… e intentando no pegar las rodillas y llevar una postura correcta, llegamos a la parte divertida… el péndulo! Alberto me espera en el otro lado para poder continuar el recorrido de la cueva y despacito, bajo un poco más de los 14 metros y comienzo acercarme con ayuda de la cuerda hasta el fraccionamiento. Me anclo al siguiente fraccionamiento y saludo a Alberto, con una sonrisa tonta que refleja el subidón del primer tramo superado y una vez en tierra, hace que le pueda gritar a mi querida amiga Chus que me espera detrás: ¡LIBRE! Y así, esperamos mientras van bajando el resto de compañeros y una vez está Cali abajo, nosotros seguimos con el recorrido. Una vez preparada la siguiente cuerda, me dispongo a rapelar el segundo pozo de apariencia más larga pues se encuentra tras un estrechamiento abierto hacia el interior de una cámara mucho más grande y amplia… una maravilla… Este descenso lo disfruto aún más, pues da para rapelar tranquilamente y en seguida estás abajo. No sin antes parar a mirar todo mi alrededor… repleto de una geología que deja sin habla. Al igual que Chus, que parecía que no quería bajar, preferíamos aprovechar un poco más de las vistas.

Chus, bajando el segundo pozo de la sima.

Una vez ya en el suelo, y con las felicitaciones de Alberto, que suben el ánimo a cualquiera, nos adentramos en la primera cámara, la de la izquierda, más pequeña y con unas estalactitas preciosas. Pude disfrutar de otra de las increíbles oportunidades que te brinda la espeleo y es de la fauna cavernícola que tanto me gusta. Un par de murciélagos de herradura grande (Rhinolophus ferrumequinum) se encontraban descansando y con cautela para no molestarles, nos retiramos a la galería principal de la derecha. Allí, ya junto con el resto del equipo (Chus, Cali, Jose y Óscar) pudimos apreciar mejor que la cueva se trataba de una cueva fósil, que ya no estaba más en formación, y por lo tanto, más seca y con unas formaciones asombrosas: banderas, columnas… Pero sin duda, las que más captaron mi atención fueron unas estalagmitas con aspecto de vela, ¡eran una pasada! Parecía mentira que esas estructuras se hubieran podido formar en miles de años por goteo y que hubieran llegado a semejantes alturas. Por supuesto, fue el mejor lugar para hacernos la foto de grupo, y tras un rato de cargar energías con frutos secos y barritas, tocaba el momento más duro, el de subir de vuelta al mundo exterior.



















Todos disfrutando dentro de la cueva: a la izquierda, los Carlistas; a la derecha, en la MA- 11 con la estalagmita en forma de vela.


La subida es lo más costoso en cuanto a esfuerzo físico y motivación. Pero después de que Alberto me dejara al vía libre, eché mano de la ayuda del que creo será mi mejor amigo en la espeleo, el pedal, y con el croll y el puño anclado, sujetos a la cuerda, comencé a subir pasito a pasito. Rápidamente, entraban los calores de nuevo si nos habíamos quedado un poco fríos almorzando, y era necesaria alguna parada para descansar, pero en realidad, no dejaba de ser algo placentero pues las vistas seguían siendo impresionantes… Superada la subida del pozo y tras la llegada de Chus, volvimos al péndulo donde nos encontrábamos con otro momento intrigante, pues había que hacer un poco el Tarzán (pero con cabeza), y siguiendo el ejemplo de Alberto, y con el descendedor a modo de freno, nos dejamos caer hasta la vertical, para poder seguir ascendiendo, en una subida que se hizo un poco más difícil por el cansancio y la complicación de algunos momentos a la hora de apoyar los pies, como el tramo en volao, pero que finalmente superamos. Y a pesar de estar ya casi fuera, la cabecera resultó ser la parte más complicada. El sol que se nos había olvidado, seguía ahí fuera y estaba en su máximo esplendor, apretando fuerte. Para anclarme en el último fraccionamiento no era capaz de llegar con el cabo corto y además la tensión producida en la cuerda por mi propio peso hacía que me resultara mucho más complicado de pasar el puño y el croll. Sin embargo, con los consejos de Alberto y los salientes de roca con los que me ayudaba la propia cueva, conseguí salir y poner los pies en suelo firme, hasta alajarme del pasamanos mientras me giraba triunfal hacia la boca de la cueva, observando de donde recién venía y dejando saber que estaba ¡Libre del toooodo!
Contenta, celebraba con Alberto mi primera sima vertical y poco a poco, íbamos saliendo todos y la alegría se manifestaba en nuestras caras como niños pequeños con juguete nuevo. Como, casualmente, diría mi profesor Juande de geología y del que mucho me acordé: “Mereció la pierna”. Todos volvíamos orgullosos como espeleólogos flasheros, principiantes pero orgullosos, con ganas de bajar a más simas y de que el resto nos contara qué tal se les había dado en la otra sima. La jornada fue un éxito, también para los Carlistas, y los buenos momentos del día se sustituyeron por grandes ratos a la noche, ¡¡no todo iban a ser sólo cuevas!! Para nuestra suerte, al siguiente día Cali nos tenía preparado un juego muy divertido y del que disfrutamos un montón pues pudimos conocer otras cuevas y sobretodo, volver a ponernos el equipo y quitarnos el mono de subir y bajar más cuerda para poder superar una serie de pruebas que finalizaban con nuestra genial bienvenida al Grupo Espeleológico Flash! =) Fue todo un final de fin de semana que estuvo “muy a la altura”, y nunca mejor dicho.

En la parte final del juego, contentos con nuestro recibimiento oficial al G. E. Flash.

Personalmente, como bióloga siempre he disfrutado mucho de la naturaleza y fue alucinante poder vivir esta nueva experiencia, disfrutando de ella como nunca antes había hecho y desde una perspectiva completamente nueva para mí, superando retos. La MA-11 ya forma parte de un gran recuerdo, pero sobretodo, los que son parte de algo importante son los compis con los que he disfrutado tanto mi inicio en la espeleología (todos, monitores y neófitos), pues el G. E. Flash ha hecho que nos hayamos sentido desde el primer momento como en casa y acogidos por una gran familia, aprendiendo, disfrutando y sobretodo, echándonos unas buenas risas… Porque al final todo esto lo hacemos para eso, para pasarlo bien y disfrutar todos juntos y para mí ha superado con creces mis expectativas. ¡¡Esperando ya la próxima salida con muchas ganas y deseando que sea la primera de muchas cuevas!!

El grupo al completo, todos culpables de que pasáramos un finde tan divertido.


Elena Tena


viernes, 10 de febrero de 2017

Hacia nuestro cálido mundo subterráneo


Cada invierno, en tierras levantinas, nos esperan unas cuevas cálidas y acogedoras que encierran grandes tesoros en forma de salas caprichosamente concrecionadas.



  

Juegan con nosotros a encontrar el camino ¡no nos lo ponen fácil!... Guardan con recelo su secreto, arropándolo y protegiéndolo de los intrusos y del inhóspito mundo de la superficie...



  

Queremos dedicar estas líneas a esas simas y cuevas alicantinas y valencianas, uno de nuestros destinos preferidos cuando llega el invierno, que nos acogen con todo su esplendor, haciéndonos sentir cálidos, como en casa, y poniendo difícil el retorno al mundo exterior.





sábado, 27 de febrero de 2016

       COLECCIONAR O NO COLECCIONAR..., ESA ES LA CUESTIÓN
                   BARRANCO SUPERIOR DE LA BAL D´ONSERA

Hemos visitado en bastantes ocasiones el barranco de "San Martín de la Bal de D´Onsera" en la Sierra de Guara, y siempre nos ha llamado la atención un estrecho que existe cerca de la ermita y que cierra por uno de sus lados el maravilloso circo rocoso que forma tan singular paraje. El lugar..., impresionante, con la ermita de San Martín y la cascada que cae a su lado... Es un sitio que evoca a la contemplación y al sosiego; ...naturaleza de primer orden… 


En una de esas visitas, nos acercamos al final de dicho estrecho y observamos con asombro que existía una instalación que ayudaba a superar su último resalte.
Patrick Gimat, uno de los destacados exploradores de esta sierra, reseña este barranco en su libro  "Canyonisme. La Sierra de Guara". Realiza su descenso, junto con otros compañeros, el 18 de julio de 1995 encontrándose, para su sorpresa, equipado el último rapel. Se desconoce cuando y quién o quienes lo descendieron por primera vez...














Se trata de un descenso abierto al principio, cuyo acceso al primer rapel resulta un tanto peligroso ya que hay que bajar por un pequeño circo salpicado de árboles y que al estar muy descompuesto  canaliza todo el pedregal hacia el cauce del barranco.
Instalaciones vetustas, el primer rapel y algunos accesos a cabeceras se realizan desde árboles. El final, donde ya se estrecha, tiene su encanto.




















En general se trata de un descenso para coleccionistas, que podría combinarse con el barranco de San Martín obteniéndose una actividad curiosa. En mi opinión, no desmerece una visita ya que el acceso, entorno y salida del último rapel, suman bastantes alicientes para descenderlo.


























Por eso..."coleccionar o no coleccionar", esa es la cuestión... 
Yo por mi parte, colecciono.


Jose Luis Cabello 


lunes, 1 de febrero de 2016

Torcas y Leyendas

Las torcas suelen estar ligadas a multitud de historias y leyendas, y los ejemplos que nombramos en estas líneas no se quedan atrás. El pasado año, aprovechando un par de visitas a simas de la zona centro, reservamos parte del tiempo del que disponíamos para conocer dos joyas llenas de misterio.


Una de ellas es la Torca de las Grobias, que se encuentra en el entorno del maravilloso Alto Tajo. Su discreta boca rodeada por un vallado de madera puede llegar a pasar desapercibida… Pero, aunque en su fondo, uno apenas puede darse una pequeña vuelta, invita a quedarse quieto en uno de los extremos de la sala, en silencio, y contemplar el espectáculo del chorro de luz que entra por su boca…Las luces y las sombras inician un juego difícil de explicar con palabras; el caso es que sus paredes, de pronto, cobran vida. Y entre los derrubios aparecen troncos, ramas, huesos y otros objetos que despiertan nuestra curiosidad… mejor nos los imaginamos.

















Pero si hay una torca repleta de leyendas… esa es la Torca de Fuencaliente. Situada en un remoto páramo soriano, el ambiente que se percibe cuando nos acercamos al lugar donde se encuentra es muy especial: ¿será de esos lugares que dicen que están cargados de energía? Que si está habitada por demonios, que si los árabes que caían en sus fauces aparecían vivos en África…
















En un precioso día soleado de invierno, con cierto nerviosismo y emoción, conseguimos acceder a su interior. Allí encontramos objetos y pintadas más que curiosas… Hasta una galería que pudimos recorrer, con bellos rincones… Sin duda que fue un día inolvidable.

















Aquí os dejamos unos apuntes sobre la leyenda de las leyendas que existe sobre este mágico paraje, escrita por D. Manuel Ayuso Iglesias (Recuerdo de Soria, 1900, recopilado por D. Florentino Zamora Lucas; http://www.caminosoria.com/patrimonio/leyendas-de-soria/2084-la-torca-de-fuencaliente.html). 

¡Ah! Y si decidís descender alguna de estas torcas, ¡sed muy cuidadosos y respetuosos con todo aquello que encontréis!



“Hace muchos años, cuando la francesada vino de Aranda, un guerrillero fa traer iana carta a los de Fuencaliente, en la que decía que, a los pocos días, pasaría por aquí un grande ejército de enemigos nuestros, con dirección a Madrid… Terminaba la carta mandando que de cualisquier manera, les cortasen el paso…”

“… Pero los del pueblo no tenían armas ni trincheras, ni náa… En esto se hallaban pensando cuando uno del pueblo se comprometió a derrotarlos con maña, y como a nadie se le ocurría medio alguno, y por otra parte llevaba fama de listo, en él confiaron todos y se dispusieron a obedecerle en lo que mandase. Lo primero que ordenó, fue cortar unas ramas muy largas pero muy delgadas que había en los arbolaos del monte; con ellos cubrió de parte a parte toda esta boca; encima colocó unas tablas en deblicas, y todo lo cubrió de tierra de tal modo, que el que no lo hubiese visto hacer, no podía sospechar que aquí existiese un peligro tan atroz. Enseguida montó en una mula mu bien mandada, y se marchó por el camino que según noticia traían los franceses…”

“…Dicho y hecho; aún no había andao una legua, cuando se encontró con los enemigos, mandados por el general, que tenía muchas barbas y muchos galones… El de Fuencaliente se ofreció a guiarle por poco dinero, y el general aceptó el ofrecimiento. En esto, llegó el anochecer, y el paisano le dijo al franchute que le siguieran para que se enterasen de la ruta que tenía que hacer su escuadrón al siguiente día.”

“… Ya puede usted suponerse que les llevó encima de la trampa que aquel mismo día había fabricao él y los demás vecinos. Cuando ya estaban allí, el de Fuencaliente arreó a su mula, ésta pataleó sobre el tinglao, las tablillas se rompieron y todos, todos y él también, cayeron en la Torca, y no han vuelto a salir dende entonces ...”


Fotografías: M.A. González, J.L. Cabello y J.L. Izquierdo



miércoles, 20 de enero de 2016

¡A Valsalobre!

¿La Cierva? ¿Bustal III? … Si da igual, ¡son excusas para juntarnos y salir unos días a visitar nuestro añorado subsuelo! Como todos los inviernos, aunque haga frío, nos gusta acercarnos a este paraíso, a este páramo solitario, y caminar por ese bosque encantado al encuentro de las simas. El fin de semana elegido para la cita decían que iba, por fin, a hacer frío en este ya avanzado invierno: ¡unos 5 o 6 grados bajo cero!… ¿Frío? Para lo que suele caer en estos páramos y en estas fechas… No sé yo…


















Así, con el ambiente “tan fresco”, la ropa de abrigo comenzaba a sobrar una vez dentro de las simas… Y abajo del todo tertulia y alguna que otra foto, un poco de comida y de bebida… ¡qué bien se está aquí dentro!


















Una vez repartidas las tareas, a unos les tocó desinstalar la cavidad y a otros ir los primeros hacia arriba. Ya en el exterior, contemplábamos impresionados el extenso cielo repleto de estrellas y con una luna a medio hacer; y, total, moviéndonos un poco, el frío no era para tanto… ¡Qué bien se está aquí fuera! Si es que somos unos privilegiados… ¡Hasta pronto, bosque encantado!

viernes, 12 de diciembre de 2014

Acto divulgativo en la Biblioteca de Aluche

Está siendo, o ha sido, un año más en la vida del G.E. Flash en lo que a muchos aspectos se refiere… Pero los últimos acontecimientos, como la celebración de nuestro XXXV aniversario y el rescate de nuestro compañero Ceci, han añadido a esta temporada una fuerte carga de emotividad.

Y hace unas semanas, además, tenemos nuevo Presidente, un joven histórico, Juan Bueno “Juanillo” ¡Gracias Juan, por coger el relevo en esta nueva etapa del Flash en la que hemos puesto tantas ilusiones!

Para culminar este año tan especial, y como estamos en deuda con los compañeros de la Asociación de Vecinos de Aluche, el próximo día 20 vamos a realizar un acto divulgativo de la espeleología organizado por la AVA (¡muchas gracias por todo una vez más!). El encargado de llevar el hilo conductor de este acto será Javier Fouz “Cali”, gran conocedor de la historia y los entresijos de nuestro grupo. Y para completar el acto, se proyectará un audiovisual realizado por Jose y Mª Ángeles (“Petits Productions”)…


¡No os lo podéis perder! 


viernes, 27 de junio de 2014

Dos Inviernos

Mientras se van los fríos a marchas forzadas, me vienen los recuerdos de dos inviernos que hemos vivido recientemente. El residir en una plaza tan céntrica en este país de contrastes es la ventaja que tiene, por buscar alguna… Así hemos podido viajar a dos inviernos muy diferentes en un breve espacio de tiempo.

En la sorprendente Serranía de Cuenca nos recibió un invierno frío y, aunque nos respetó amablemente la meteorología, la nieve estaba más que presente en la Muela de la Madera y las pistas nos permitieron acercarnos sólo andando hasta las simas. En los pozos llovía, y en las galerías inferiores dominaban las zonas encharcadas… El movimiento y las ganas de adentrarnos fueron la única forma de combatir la mezcla de humedad y frío que nos entraba en el mono.


             


Pocos días después tuvimos la oportunidad de visitar la impresionante Sima de la Higuera, en la sierra murciana. Mucho más ligeros de ropa nos aproximamos a la verja de la sima, y, ya en su interior, también nos mojamos al cruzar un lago. Pero al poco tiempo ya estábamos secos, y el estar parados en la sala del paraíso contemplando aquel espectáculo de formas no nos suponía el sentir ni una gota de frío.
         

 

Y así es como hemos pasado dos inviernos en estos dos mundos subterráneos tan espectaculares y tan queridos, tan cercanos a nuestros corazones y a nuestros lugares de residencia, a los que, sin duda, no tardaremos mucho tiempo en volver.

Jose L. Izquierdo “Hevia” y Jorge Mateos “Gorgue”