sábado, 27 de febrero de 2016

       COLECCIONAR O NO COLECCIONAR..., ESA ES LA CUESTIÓN
                   BARRANCO SUPERIOR DE LA BAL D´ONSERA

Hemos visitado en bastantes ocasiones el barranco de "San Martín de la Bal de D´Onsera" en la Sierra de Guara, y siempre nos ha llamado la atención un estrecho que existe cerca de la ermita y que cierra por uno de sus lados el maravilloso circo rocoso que forma tan singular paraje. El lugar..., impresionante, con la ermita de San Martín y la cascada que cae a su lado... Es un sitio que evoca a la contemplación y al sosiego; ...naturaleza de primer orden… 


En una de esas visitas, nos acercamos al final de dicho estrecho y observamos con asombro que existía una instalación que ayudaba a superar su último resalte.
Patrick Gimat, uno de los destacados exploradores de esta sierra, reseña este barranco en su libro  "Canyonisme. La Sierra de Guara". Realiza su descenso, junto con otros compañeros, el 18 de julio de 1995 encontrándose, para su sorpresa, equipado el último rapel. Se desconoce cuando y quién o quienes lo descendieron por primera vez...














Se trata de un descenso abierto al principio, cuyo acceso al primer rapel resulta un tanto peligroso ya que hay que bajar por un pequeño circo salpicado de árboles y que al estar muy descompuesto  canaliza todo el pedregal hacia el cauce del barranco.
Instalaciones vetustas, el primer rapel y algunos accesos a cabeceras se realizan desde árboles. El final, donde ya se estrecha, tiene su encanto.




















En general se trata de un descenso para coleccionistas, que podría combinarse con el barranco de San Martín obteniéndose una actividad curiosa. En mi opinión, no desmerece una visita ya que el acceso, entorno y salida del último rapel, suman bastantes alicientes para descenderlo.


























Por eso..."coleccionar o no coleccionar", esa es la cuestión... 
Yo por mi parte, colecciono.


Jose Luis Cabello 


lunes, 1 de febrero de 2016

Torcas y Leyendas

Las torcas suelen estar ligadas a multitud de historias y leyendas, y los ejemplos que nombramos en estas líneas no se quedan atrás. El pasado año, aprovechando un par de visitas a simas de la zona centro, reservamos parte del tiempo del que disponíamos para conocer dos joyas llenas de misterio.


Una de ellas es la Torca de las Grobias, que se encuentra en el entorno del maravilloso Alto Tajo. Su discreta boca rodeada por un vallado de madera puede llegar a pasar desapercibida… Pero, aunque en su fondo, uno apenas puede darse una pequeña vuelta, invita a quedarse quieto en uno de los extremos de la sala, en silencio, y contemplar el espectáculo del chorro de luz que entra por su boca…Las luces y las sombras inician un juego difícil de explicar con palabras; el caso es que sus paredes, de pronto, cobran vida. Y entre los derrubios aparecen troncos, ramas, huesos y otros objetos que despiertan nuestra curiosidad… mejor nos los imaginamos.

















Pero si hay una torca repleta de leyendas… esa es la Torca de Fuencaliente. Situada en un remoto páramo soriano, el ambiente que se percibe cuando nos acercamos al lugar donde se encuentra es muy especial: ¿será de esos lugares que dicen que están cargados de energía? Que si está habitada por demonios, que si los árabes que caían en sus fauces aparecían vivos en África…
















En un precioso día soleado de invierno, con cierto nerviosismo y emoción, conseguimos acceder a su interior. Allí encontramos objetos y pintadas más que curiosas… Hasta una galería que pudimos recorrer, con bellos rincones… Sin duda que fue un día inolvidable.

















Aquí os dejamos unos apuntes sobre la leyenda de las leyendas que existe sobre este mágico paraje, escrita por D. Manuel Ayuso Iglesias (Recuerdo de Soria, 1900, recopilado por D. Florentino Zamora Lucas; http://www.caminosoria.com/patrimonio/leyendas-de-soria/2084-la-torca-de-fuencaliente.html). 

¡Ah! Y si decidís descender alguna de estas torcas, ¡sed muy cuidadosos y respetuosos con todo aquello que encontréis!



“Hace muchos años, cuando la francesada vino de Aranda, un guerrillero fa traer iana carta a los de Fuencaliente, en la que decía que, a los pocos días, pasaría por aquí un grande ejército de enemigos nuestros, con dirección a Madrid… Terminaba la carta mandando que de cualisquier manera, les cortasen el paso…”

“… Pero los del pueblo no tenían armas ni trincheras, ni náa… En esto se hallaban pensando cuando uno del pueblo se comprometió a derrotarlos con maña, y como a nadie se le ocurría medio alguno, y por otra parte llevaba fama de listo, en él confiaron todos y se dispusieron a obedecerle en lo que mandase. Lo primero que ordenó, fue cortar unas ramas muy largas pero muy delgadas que había en los arbolaos del monte; con ellos cubrió de parte a parte toda esta boca; encima colocó unas tablas en deblicas, y todo lo cubrió de tierra de tal modo, que el que no lo hubiese visto hacer, no podía sospechar que aquí existiese un peligro tan atroz. Enseguida montó en una mula mu bien mandada, y se marchó por el camino que según noticia traían los franceses…”

“…Dicho y hecho; aún no había andao una legua, cuando se encontró con los enemigos, mandados por el general, que tenía muchas barbas y muchos galones… El de Fuencaliente se ofreció a guiarle por poco dinero, y el general aceptó el ofrecimiento. En esto, llegó el anochecer, y el paisano le dijo al franchute que le siguieran para que se enterasen de la ruta que tenía que hacer su escuadrón al siguiente día.”

“… Ya puede usted suponerse que les llevó encima de la trampa que aquel mismo día había fabricao él y los demás vecinos. Cuando ya estaban allí, el de Fuencaliente arreó a su mula, ésta pataleó sobre el tinglao, las tablillas se rompieron y todos, todos y él también, cayeron en la Torca, y no han vuelto a salir dende entonces ...”


Fotografías: M.A. González, J.L. Cabello y J.L. Izquierdo



miércoles, 20 de enero de 2016

¡A Valsalobre!

¿La Cierva? ¿Bustal III? … Si da igual, ¡son excusas para juntarnos y salir unos días a visitar nuestro añorado subsuelo! Como todos los inviernos, aunque haga frío, nos gusta acercarnos a este paraíso, a este páramo solitario, y caminar por ese bosque encantado al encuentro de las simas. El fin de semana elegido para la cita decían que iba, por fin, a hacer frío en este ya avanzado invierno: ¡unos 5 o 6 grados bajo cero!… ¿Frío? Para lo que suele caer en estos páramos y en estas fechas… No sé yo…


















Así, con el ambiente “tan fresco”, la ropa de abrigo comenzaba a sobrar una vez dentro de las simas… Y abajo del todo tertulia y alguna que otra foto, un poco de comida y de bebida… ¡qué bien se está aquí dentro!


















Una vez repartidas las tareas, a unos les tocó desinstalar la cavidad y a otros ir los primeros hacia arriba. Ya en el exterior, contemplábamos impresionados el extenso cielo repleto de estrellas y con una luna a medio hacer; y, total, moviéndonos un poco, el frío no era para tanto… ¡Qué bien se está aquí fuera! Si es que somos unos privilegiados… ¡Hasta pronto, bosque encantado!