lunes, 17 de julio de 2017

TXOMIN IV (15-Julio-2017)

La entrada por la boca de la mina del Cuco, de la que extraían blenda y galena en los años sesenta, da paso a un laberinto de galerías y túneles, (algunos de ellos conservando aún  parte de las primitivas traviesas y raíles). Números,  flechas, catadióptricos  y algún que otro hito de piedras  nos acompañan durante el recorrido de la mina  y nos  ayudan a encontrar el estrecho  túnel que accede al soplao que da paso al gran pozo de 130m, siguiendo también con atención  las explicaciones de la última reseña publicada  para no perdernos.  Aquí  comienza  la Sima Txomin IV.


La instalación de un primer pasamanos descendente nos ayuda a superar el primer "miedo psicológico", ya que sabemos que bajo nuestros pies tenemos una impresionante sala. Las minúsculas luces de los primeros que van llegando al suelo, nos sirven como referencia a los que todavía estamos colgados  y nos dan una ligera idea de las dimensiones de la sala y lo que aún nos queda por bajar.

Una vez agrupados todos de nuevo, nos dirigimos en busca de la no menos espectacular Sala Blanca. Impolutas y frágiles formaciones, literalmente  blancas, cubren parte de paredes y suelo. Un paisaje, podría decirse mágico y hasta casi lunar, que va cobrando vida al paso de las luces y sombras  de nuestros frontales. Intentamos no salirnos de las anteriores pisadas que ya han embarrado parte del suelo y avanzamos hasta el final de la sala.  Allí comemos y disfrutamos del entorno. Alguna foto para inmortalizar el momento y vuelta de nuevo a la gran sala para afrontar la "interminable" subida.


Ya en la cuerda mucho calor, cansancio y deseando llegar arriba. Esa sensación siempre la tengo en las cuevas pero, no sé por qué, se desvanece mientras espero a que mis compañeros terminen.

Como íbamos bien de tiempo,  antes de salir al exterior fuimos a buscar la Txomin VIII,  otro de los soplaos de esta mina. Pero después de recorrer las galerías siguiendo los hitos que parecían más evidentes y sin una descripción detallada por nuestra parte, al final se  convierte en una misión imposible. Un queso gruyere de galerías, ascendentes y descendentes que van de norte a sur y de este a oeste nos engulle poco a poco y finalmente nos hace desistir  de su búsqueda. Buen motivo para volver…




Texto y fotos:  Mª Angeles González Fernández

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