Las torcas suelen estar ligadas a
multitud de historias y leyendas, y los ejemplos que nombramos en estas líneas
no se quedan atrás. El pasado año, aprovechando un par de visitas a simas de la
zona centro, reservamos parte del tiempo del que disponíamos para conocer dos
joyas llenas de misterio.
Una de ellas es la Torca de las
Grobias, que se encuentra en el entorno del maravilloso Alto Tajo. Su discreta
boca rodeada por un vallado de madera puede llegar a pasar desapercibida… Pero,
aunque en su fondo, uno apenas puede darse una pequeña vuelta, invita a quedarse quieto en uno de los extremos de la sala, en
silencio, y contemplar el espectáculo del chorro de luz que entra por su boca…Las
luces y las sombras inician un juego difícil de explicar con palabras; el caso
es que sus paredes, de pronto, cobran vida. Y entre los derrubios aparecen
troncos, ramas, huesos y otros objetos que despiertan nuestra curiosidad… mejor
nos los imaginamos.
Pero si hay una torca repleta de
leyendas… esa es la Torca de Fuencaliente. Situada en un remoto páramo soriano,
el ambiente que se percibe cuando nos acercamos al lugar donde se encuentra es
muy especial: ¿será de esos lugares que dicen que están cargados de energía?
Que si está habitada por demonios, que si los árabes que caían en sus fauces aparecían
vivos en África…
En un precioso día soleado de
invierno, con cierto nerviosismo y emoción, conseguimos acceder a su interior.
Allí encontramos objetos y pintadas más que curiosas… Hasta una galería que
pudimos recorrer, con bellos rincones… Sin duda que fue un día inolvidable.
Aquí os dejamos unos apuntes
sobre la leyenda de las leyendas que existe sobre este mágico paraje, escrita
por D. Manuel Ayuso Iglesias (Recuerdo de Soria, 1900, recopilado por D.
Florentino Zamora Lucas; http://www.caminosoria.com/patrimonio/leyendas-de-soria/2084-la-torca-de-fuencaliente.html).
¡Ah! Y si decidís descender alguna de estas torcas, ¡sed muy cuidadosos y
respetuosos con todo aquello que encontréis!
“Hace
muchos años, cuando la francesada vino de Aranda, un guerrillero fa traer iana
carta a los de Fuencaliente, en la que decía que, a los pocos días, pasaría por
aquí un grande ejército de enemigos nuestros, con dirección a Madrid… Terminaba
la carta mandando que de cualisquier manera, les cortasen el paso…”
“…
Pero los del pueblo no tenían armas ni trincheras, ni náa… En esto se hallaban
pensando cuando uno del pueblo se comprometió a derrotarlos con maña, y como a
nadie se le ocurría medio alguno, y por otra parte llevaba fama de listo, en él
confiaron todos y se dispusieron a obedecerle en lo que mandase. Lo primero que
ordenó, fue cortar unas ramas muy largas pero muy delgadas que había en los arbolaos
del monte; con ellos cubrió de parte a parte toda esta boca; encima colocó unas
tablas en deblicas, y todo lo cubrió de tierra de tal modo, que el que no lo
hubiese visto hacer, no podía sospechar que aquí existiese un peligro tan
atroz. Enseguida montó en una mula mu bien mandada, y se marchó por el camino
que según noticia traían los franceses…”
“…Dicho
y hecho; aún no había andao una legua, cuando se encontró con los enemigos,
mandados por el general, que tenía muchas barbas y muchos galones… El de
Fuencaliente se ofreció a guiarle por poco dinero, y el general aceptó el
ofrecimiento. En esto, llegó el anochecer, y el paisano le dijo al franchute
que le siguieran para que se enterasen de la ruta que tenía que hacer su
escuadrón al siguiente día.”
“…
Ya puede usted suponerse que les llevó encima de la trampa que aquel mismo día
había fabricao él y los demás vecinos. Cuando ya estaban allí, el de
Fuencaliente arreó a su mula, ésta pataleó sobre el tinglao, las tablillas se
rompieron y todos, todos y él también, cayeron en la Torca, y no han vuelto a
salir dende entonces ...”
Fotografías: M.A. González, J.L. Cabello y J.L. Izquierdo















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